lunes, 2 de enero de 2012

sábado, 31 de diciembre de 2011

ALTO INTERÉS EN LA COLA DE LA CAJA DE AHORROS

Puede decirse que Mariquilla no estaba muy por la labor de dar consejos aquella mañana; era final de mes. El final de mes es como un limbo en el que la conciencia "viaja en el tiempo" a lugares maravillosos llamados comúnmente "del uno al cinco".
Normalmente Mariquilla tiraba de la suegra los fines de mes, iba al mercado a por su kilo de peras de agua, el pan de telera o lo que ella le pidiera. Le ponía su buen puchero con "to lo'avío" y ya de paso comían los niños, el marido y ella. Pero este mes nada; el último domingo de reunión familiar había habido follón en el chalecito de la cuñada. Nada grave en principio, una porfía como otra cualquiera, pero la suegra había sacado la pechera para defender a su niña y ahora andaba la cosa tirante...
Total, que estaba ya en la cola de la caja de ahorros para pedir un anticipo a ver si la santa benevolencia le daba el sí quiero...

Todo esto me lo contó Mariquilla después, cuando salimos las dos al día soleado, yo con cincuenta euros menos y ella con un "la madre que los parió" en el monedero. Ya me conocía yo al "malage" del cajero, un tío con ojeras violeta, cara de perro despertado a pedradas y polito de "lacoste".
Al principio no había visto a Mariquilla; llegué con un sofocón por las prisas y con un creciente dolor de lumbago, así que me senté en la primera silla que vi, al lado de una vieja gitana de mil colores con unos zarcillos de corales que quitaban las penitas del "sentío".
"Po ezo descanzá y zu poquito de caló zeco...", me dijo ella en respuesta a mi información gratuita: "Me voy a sentá que vengo fatá del lumbago...".
-Ya...-respondí- pero fíjese usté que con la hora que é y todavía no tengo ni planteao el almuerzo...

Una señora con aspecto de gallina clueca arribó a puerto echando el ancla al final de la cola.
La cola da para mucho, así que en un "arriquitaun" tuvo la deferencia de darme su consejo para remediar el dolor de lumbago: pañitos calentitos de la plancha... Eso, según ella era un remedio fenomenal. "Yo tengo mi bolsita de agua caliente..."- le respondí, a lo que la gitana mayor-de-los-corales apostilló: "¿una mantita elétrica no tiene muchacha?"
-Ojú, es que eso vale mu caro...-me quejé- Yo me quedo con la bolsita, mejor... en cuanto llegue me la pongo-dije, porque ya empezaba a temer que me pidieran el teléfono para llamar al día siguiente a ver cómo seguía...

Llegados a este punto ya tenía a tres doctores por delante y a dos sufridores nuevos por detrás de la señora clueca, pendientes, interesadísimos en no perder detalle de la conversación sobre mi lumbago.

Y allí al final, al final de la cola o al principio, según se mire, vegetaba Mariquilla justo detrás de una boina con un señor debajo. Tal estaba siendo el revuelo y el rosario de consejos sobre mi lumbago, que hasta aquellos lares llegó el tangai y ella, volviéndose hacia atrás y enmarcando un consejo entre sus labios pintados de rojo-mercadona, sentenció sin saber en principio a quién beneficiaba su sabiduría de descansillo:
-Ezo, ezo mejó darze con un zecadó der pelo...

domingo, 27 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ASAMBLEA BRUJERIL, NUEVE Y COMA TREINTA. (CHIRIGOTA CONTRERAS)

Tipo: el particular.
Destacaría, no obstante el guiño erótico de la Reme que superó con creces la bata de lanilla con brocado de la Loli y mi poncho rojo pasión: aquellas babuchas de fondo negro con el conejito del playboy en plateado. Así, los dos simétricos, los conejitos, juntitos.
La Piru fiel a su estilo chacina, embutida en unos leggins imposibles y revestida a su vez con un jersey apretaíto.
Angeles con su libro de actas y las mechas a punto de caramelo, era la más acorde a la situación; de presi, pero a la fuga..
La muñeca, en vaqueros y con cuarenta y ocho kilos (triunfo donde los allá con cincuenta tacos).
De secretaria-apuntadora y guardiana de la moral comunitaria, la "guapa", haciendo gala oportunamente de una original camiseta de "Chapa y pintura Manolito".

Llego. Mi poncho rojo pasión diluye su protagonismo de mercadillo pese a mi paseo-pasarela. Me defiendo de la broma: "presidenta tú" ¿yo? ¡nanais!.
Comienza el combate.
La "guapa" portadora de una bolsita de plástico (pagada convenientemente a dos céntimos) menea los quince papelitos del interior.

"Er quinze" "¡la niña bonita!", canta.
-¡Anda la Mariajo! Esa no'stá... y no va a queré. Pero le tocó...

Solucionando la "maldá" brujeril imperante y sin saber a qué se venía hace su aparición la pobre de la puerta dos, con un estilo "Fofito-forever" acompañada de manera incondicional por un aspirante a marío, monocromático y con muy mala leche.

Recapitulamos: en este punto la reunión vuelve a comenzar. Se guarda el papelito de la del quince... con artístico disimulo. Los conejitos de la Reme mueven las orejas de gusto.

"Estamos eligiendo la nueva presidenta... Pero que no tiene que hazé ná, to lo lleva la gestoría. Es más que ná pa comprá los producto de limpieza y llamá si ze estropea argo. Vamo, que no lleva er dinero ni ná de ná..."

Meneo de papelitos. "Er dó"
-¡Anda Pepi que ta tocao!,-vocifera la guapa.
"¿Pero ya e prezidenta?", refunfuña el monócromo.
"¡Qué se le va a hazeeee!". Fofito es un hilito de voz.

Se levanta la sesión que los niños esperan la cena.
Corrillo de casapuerta: "que si la del nueve, que si los rezibo que no ze pagan, que si la lú de la escalera..."

Me despido del respetable: "no sabéi ustede ná ni ná... ¡latín sabéi!" "...y cuatro idioma má si me apura. Mira la Mariajo... contenta que va. ¿Quién quiere sé presidenta-postisa? Eso de comprá lejia na má no tiene glamú ninguno"

-¡Buena'noshe artista...!, me dicen.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

La madrugada cómplice envuelve el suave velo de tus caricias, ¡aquellas mariposas...!  ella abre el universo efímero donde caen en pétalos las canciones de mis placeres...
Como una niña adorno con ellas las horas extensas... mientras escribo en tus ojos deseos que siguen naciendo... amore... amore...
...amore...

La eterna vida se ahoga en un instante.
Un instante de mil años en el que vivirás sobre mi piel...