viernes, 1 de noviembre de 2013

"JALOWÍN"

A mí, en mi barrio; en la puerta de mi casa, acaban de estampar dos huevos dos críos, primos entre ellos a la voz de "¿truco o traco?" y con el añadido de "tengo cojones pa tirarte el huevo". 
He salido, puesta a pegar gritos por el hueco de la escalera, que es como aquí entienden las cosas, acordándome de las puñeteras madres de los puñeteros críos y jurando que si los llego a pillar la hostia se la llevan así hubiere llegado la policía y que me lo pasaba todo por el arco del triunfo. 
La dulce Chari, qué cojones.

Aunque pueda parecer de ciencia ficción, tratándose de mi barrio, ha subido después uno de los autores del disparo hueveril a disculparse, a la orden de mis gritos. Temblando y gimoteando, "perdone señora..." y después llorando a moco tendío y diluyéndose el maquillaje en solución lacrimal; acusando a su primo como autor del segundo impacto que casi arruina el jersey de una de las mamás de mi fiesta de pijamas.

Un vasito de agua y un abrazo se ha llevao, el vampiro.

domingo, 13 de octubre de 2013

EN UN PARQUE. CHICLANA.

"Lo ves todos los días, lo ves todos los días, no digas mentiras, a él lo ves todos los días..."

Antes le había dicho que no, que nunca lo veía, que nunca se lo encontraba.
Ahora ella misma estaba creyendo lo que el chico que le asía de los brazos trataba de hacerle creer. 
Y no sabía bien si era por el dolor que aquellas tenazas le provocaban, si por la vergüenza de querer ser una joven libre o por la certeza de que la circunspección iba a ser la baliza de una femineidad pre fabricada.

jueves, 12 de septiembre de 2013

AUTOBÚS DE SOLAGITAS. 4:30 DE LA TARDE.



A veces es el túnel del horror, otras una caja de galletas, una mesa camilla con ruedas o un congreso ambulante por las calles de Chiclana. Nunca se sabe lo que puede encontrarse en el autobús de Solagitas: Oliva con sus fandangos, Visitación con su peluca y sus hechuras de pitirrojo, las chonis más fashions del barrio con gatos acostaos en lo alto del cogote... Cuántas cosas descubre un oído avizor o un ojo atento...

En esta ocasión subo sola en la parada y el cuadro femenil que me encuentro me deja de piedra: femineidad a tope en la madre y la niña que se sientan atrás. Yo no puedo dejar de mirar en ningún momento los enormes lazos rosa de la cría ni el cutis maravilloso de la mami.
A la niña sólo le faltaba el máster, tenía una sabiduría y una mirada de vieja que ni la Tía Norica...
Era la señora lacitos una fuente del saber, una largartijilla en rosa barbie, un torbellino de color en manoteos aviaos y poses que harían las delicias de cualquier Juan y Medio que se preciara de tal, un espectáculo de pelo rubio estirado por mor de claros dogmas de fe hasta rozar el dolor: el oráculo definitivo. Su mirada celeste me había hecho pupita varias veces, de forma huidiza, como avisando: quizá llevada por eventuales arrebatos de humanidad que yo ya intuía predecesores de un big bang irremediable. Y no erré: a la altura del Pájaro la niña me miraba como queriendo comerme a bocao limpio...
"¡Tú no mire!", me dice, haciendo como que cerraba una cortina invisible con la mano y a continuación poniéndose en jarras.
La madre del cutis impoluto le riñe: "La mujé no te está diciendo ná..."

La lagartija rosa abre los ojos como si se fuera a comer un bollicao y dice:
"¿Tú sabe que yo tengo un tío policía?"
Niego con la cabeza; estaba acojonada.
"Pué voy a llamá a mi tío pa que te ponga una murta..."

Me bajé en la siguiente.
"Angelico..."

CÁRCELES DE DOS ACERAS



Las tetas de mamá.
Enfilar Sagasta doblando la de Cervantes y encontrarle en la esquina: con hechuras de putero a diez euros la fiesta, empalmes de cigarrillo y un embarazo de nueve meses. 
Su pelo sí, eso sí, aquel negro y espeso que pasaba bajo mi balcón; los andares de guapo de barrio...
Aún conservo los doce años enlatados en un diario chico, aquellas edades de trenzas y latigazos en el vientre, las vueltas a la Plaza de San Antonio para encontrarle o no, los ensayos de besos en la almohada, la frustración de no ser la rubia aquella...

Podría haber sido un Don Ignacio, si lo hubiere deseado, un Nachete quizás, como otro cualquiera o un Nacho moreno y mujeriego de los que atacan a la yugular y derrumban emperatrices: cualquier cosa digna.

Me miró, eso me llevo; un regalito a destiempo. Yo deslié una sorpresa, la huída y cerré los ojos.
Allí, cerca, la casa de mamá: "Salvaora", recuerdo.

sábado, 31 de agosto de 2013

Mi recuerdo. Mi Venezia.

Cumple un año mi recuerdo. 
Hoy lo abro como una cajita de música, con cara de niña, como un tesoro; dejo que se extienda por mi casa, que cubra entero mi día.
Me recojo oliendo de nuevo a lluvia en la tierra, a dulces hebreos y a piedras antigüas... allí sentadita, en una plaza cualquiera, rodeada de calles tejidas por el tiempo. Sitiéndome gratamente pequeña, minúscula, engullida por el pasado fastuoso, miserable, terrible. 
Allí recogida, en silencio, con los ojos abiertos para no perderme nada, con pasos de primera vez, amando todo como si fuese mi último día. La ilusión de los Alpes como la de los Reyes Magos abrigándome; están ahí, cerquita. Y yo pequeña.
La fascinante comitiva de máscaras, tétricas, terribles, extrañas... como personajes atrapados voluntariamente en el tiempo, obcecados en permanecer en su Venecia para siempre. 
El húmedo aliento de la reina moribunda como imposición absoluta. Pegado a la piel. Sus estertores confundidos con el avance inconmensurable de los trasantlánticos. 
Los incomprensibles excesos del fasto: el Palacio y mi enferma admiración, eterna, a la sucesión de salas y pinturas admirables, a los artesonados increíbles, a maravillas que salían de los libros y las enciclopedias y se derramaban al fin ante mis ojos, lascivas.
El tronar de las campanas, el repicar de los truenos, el parque aquel alejado y el café con Mauro. Las historias de Nadia a las diez de la noche, puestas con mimo sobre la mesa de su casita de Mestre; La Divina Comedia enamorándome con sus palabras, la lluvia...

Mis tenderitas de Burano, regordetas, tan chicas... Su caballito de cristal y su sombrilla de Merletto sobre una pobre caja para vender a los turistas, para jugar un rato... Mis tres tenderitas de Burano.

Cuántas caricias al cristal de Murano... intentando volver a mi Venecia...

lunes, 17 de junio de 2013

Regalo

Borboleta... para no volar toma unas alas rotas.
Son nuevas, mira qué bellas.

lunes, 3 de junio de 2013

Aquellos hijos me sostuvieron ante el oscuro precipicio.

Los he parido otra vez en cada grito de miedo.

No lo entiendo bien...

Quizás pasaron los mundos, todas las tierras yermas
ocurriendo tal vez todas las vidas y una sola muerte.
Mi cuerpo se ha quedado entonces desbaratado
y ellos no sabrán nunca mecerme en sus brazos.
Ahora la muerte irá ligada a los recuerdos.

En ellos he dejado tan sólo unas lágrimas de amor.

Mañana sonreiré, cuando el sol iluminé mi vida de nuevo.

Cuando lo cierto cante mi nombre de madre.