jueves, 21 de marzo de 2013

EL "ADITIVO" .AUTOBÚS DE SOLAGITAS. NUEVE MENOS VEINTE DE LA MAÑANA.


Pili La Grande venía hoy con un libraco bajo el brazo. Yo no pude evitar seguirla con la mirada mientras subía al autobús y acomodaba a su niño...; no podía creerlo: Pili La Grande con un libro bajo el brazo y el punto de lectura sobresaliendo bien lejos de la portada, lo cual era signo sospechoso de lectura en curso. ¡Vaya!, pensé, hasta que la duda horrible atenazó la ilusión; "a ver el título, a ver... ¡vuélvete libraco!"

"Pos estuve hasta las cinco de la mañana sin parar... no podía dejarlo, oye"... "Ya te digo, sin parar... ya me lo había dicho mi cuñá Loli, me dijo que tuviera cuidao, que era un libro "aditivo"...

domingo, 13 de enero de 2013

Las palabras a veces sirven para apuntalar cimientos. Evitan el derrumbe, pero no construyen.
Uno busca entonces un asidero dónde agarrarse a algo verdadero, pero cuando el abismo es tan insondable y oscuro, opaco, lastimoso, no se encuentra la paz.

Y perdonar se convierte en algo tan complicado como querer sin querer, tan forzado como esperar sin esperanza.
Tal vez se ha de vivir con aquellos lastres sin más remedio que el rechinar de dientes.
O tal vez aprender a regalar la amistad y el cariño a quién de verdad la merezca: a quién sea capaz de valorarla...
Aunque el daño ya está hecho.

sábado, 12 de enero de 2013

Creo que moriré de sentir.
Eso me dijeron una vez,
eso pensé y lo que ocurre
es que equivoqué el mundo
equivoqué el útero.
Yo misma soy un equívoco.

Tendría que estar vagando,
seguir siendo
polvo de estrellas.

viernes, 11 de enero de 2013

WERTHER AMADO

He de decirte Werther querido, que lamenté tu decoroso vestir azul y amarillo, tu corazón conectado al fulgor de las estrellas...
Por unas páginas, me recordaste lastimosamente aquellas letras solitarias de mis quince años; las febriles noches de valses eternos sobre la almohada, aquella brisa de agosto que hacía arrastrar mis pasos más que aligerarlos y aquello que me llevó, por primera vez en mi vida, a una poesía por amor...

Durante páginas, querido amigo, he deseado no ser tú cuando lo era sin saberlo y la naturaleza entera me adoraba y me engullía, cuando el amor aquel me precipitaba sin remedio en la inercia de los días, del mar de Cádiz y de los días y de las olas, amigo mío.

Tú único beso fue también mi beso y tu abrazo mi abrazo desesperado. "Vuela, amor, vuela"... mientras las nubes alargadas y sonrosadas del atardecer acarician el cielo de la bahía sin ser remedio alguno para el dolor más profundo.

Te ruego que me perdones, Werther, por no haberte querido durante largas frases, por haber pasado de puntillas por tu corazón malherido.
Al final, ya ves. Me tienes. Tu muerte no ha sido en vano.

martes, 8 de enero de 2013

UN JUAN AMOR MENOS EN EL PUTO MUNDO.


Libre e inconsciente, la esposa eterna había dispuesto, primorosamente, una lágrima para cada centímetro de su ataúd matrimonial.
Ordenó a todos los familiares que recogiesen sus desmayos e hizo recitar una letanía para la ocasión.
Cosió lazos de coral color en las abrazaderas de las cortinas y adornó su escote con perlas por segunda vez en su vida.

Después despidió a Juan Amor acariciándole la frente.

Y una voz en su cabeza, que no reconocía, le preguntó cómo había sido capaz de llegar hasta allí...

jueves, 3 de enero de 2013

Tengo tu amor marcado a hierro...

En un banquito del parque de la Soledad.

miércoles, 2 de enero de 2013

LA CATA


LA CATA


“Hará un mes que entraron por el Puntal y al ná los teníamos encaramaos aquí como gatos a un visillo. Los ojos así azulito, sin calor ninguno, dándose al cante y a la güasa, con aquel color salmonete de la cara por el sofoco del vino que daba un no se qué de repelú...
Charito vino a darle a uno así con bizquera, un puntapié con unas ansias tales, que llegó de cabeza a una de las barricas ahí puestas pa las Indias. Wilson, le decían.
Buscaban encontrarse con el Portocarrero, que de eso me enteré cuando ya iban embarcaos de vuelta pa su tierra, porque a esa gente no había quién los entendiera con el cante y la borrachera del Jerez y era aquello un voleteo de prendas y botas. ¡Qué iban a decir los guachinay y qué iban a saber!
Nosotros con un miedo en el cuerpo... y la Charito como si no fuera con ella. Ahora sí que me acuerdo; yo no sé qué le entró a la muchacha. Algo sería, porque me anda suspirando desde entonces entre los destrozos de las barricas y se perfuma el escote con un pañuelito empapao en sherry...”