jueves, 25 de junio de 2026

"SOLITUDINE"


En mi soledad me creo y en mi soledad me encuentro, en silencio, a mis cincuenta y cuatro años; en ella crezco porque no hay otra tierra para las semillas de mis pensamientos: no hay otros corazones, ni otras mentes, sino, alguna vez (bendito regalo), en la herencia sagrada de un papel en blanco, que se deja convencer, que se deja arar. Allá dibujo, agradecida, jugando, el ajedrez inventado adonde construyo literatura de vez en cuando, como quien persigue los arañazos del sol sobre el suelo bajo la sombra de un árbol en verano. Casi desesperada. Lo hago cuando estoy lista, después de acicalarme entre los rosales de mis suspiros, entre cortinas de perlas y los surcos creados por mis uñas en las palmas de mis manos.

Ella, la soledad, me espera siempre. Siempre está, como una doncella que sostiene un espejo; me obliga a mirarme, a arrojar al fondo de aquel pulido estanque mágico todo cuanto llevo y a quedarme desnuda después. Entonces me habla: "Yo soy", me dice. Y me obliga a amar el reflejo, sin caricias, de mi existencia. Entonces me hago un atillo, me encorvo, me encojo, para concentrar las fuerzas de mi espíritu en un sólo átomo, lo acuno, lo macero, lo moldeo..., a veces tardo días..., hasta que la mínima energía está vestida y peinada y lista para afrontar a imbéciles de nuevo. También lista para cosas bonitas, casi siempre inventadas por mi alma cargada de experiencias vividas.

"Solitudine me llamo", me dice, al fin, el reflejo nítido del espejo.

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