miércoles, 20 de octubre de 2021

sábado, 16 de octubre de 2021

PREMONICIÓN

Una noche, en las primeras estadías de un enamoramiento, soñé con mi amado incondicional portando sobre su cabeza una caja en forma de cubo cerrado. Aquella caja inquietante encerraba y ocultaba su regia y vetusta cabeza; no dejaba ver sus rizos romanos, ni sus ojos verdes picantes, ni su sonrisa de niño grande. Para que respirase, aquel objeto horrible se había servido de pequeños agujeritos en su cuerpo de madera y así mi amor no se ahogaba y podía mantenerse en pie. Sólo la penitenciaria caja y yo sabíamos en dónde nos encontrábamos: una sala pequeña, de paredes verdes setenteras, viejas, alumbrada por los desoladores haces de luz blanca de unos tubos fluorescentes que colgaban de un techo alto, infinito.

Viéndolo a mi amor de tal guisa y bajo semejante encantamiento, lo llamaba, inquieta y triste. "¿No me oyes?, soy yo, Charo, tu amor. Tu amor, que dices que adoras..."

Pero él, feliz dentro de su cubo, parecía vivir otra vida, metido en otra conciencia y, ni aquel recién nacido, que, de repente apareció entre mis brazos, logró que abriese los párpados de su tez de madera con pequeños agujeros para respirar y su figura se fue alejando de mi presencia, inaugurando así un nuevo círculo en el Infierno.

Este fue un sueño real y premonitorio. Aquel amor recién estrenado, pasional, profundo, embriagador, fue parasitado por un cubo indolente y cerrado y mi amor, junto aquel hijo nuestro que también fue real, se instalaron para siempre en el más oscuro, desolador, intrincado e inaccesible de los Infiernos de mi corazón.

A veces, intuyo, sueño o percibo cosas que sucederán más tarde. Pero sólo cuando algún remolino de sustancia se desprende de la sierpe del tiempo y gira un poco y yo lo veo al tomar una esquina y se sienta en un sueño mío o en un cuento. Así, cree que me avisa, como un favor de amigo, pero nunca me hizo feliz sentir tanto y anhelo la indolencia como anhelo  mi niñez.

martes, 28 de enero de 2020

SOBRE «EL FARO»

SOBRE «EL FARO» (sin «spolilers»)

Los poemas que me remueven son los que, además de tejerse con los hilos de oro de la genialidad, poseen la facultad de contener tantas interpretaciones como personas puedan leerlos e interiorizarlos.
Este es el continente de «El faro», ser uno de estos poemas. Podríamos, en una primera impresión, sabernos dentro de una pesadilla o, por el contrario, dentro de una realidad atroz: la locura. Ésta última, a su vez, podría tener varios orígenes, uno de ellos ser el sentimiento de culpa. En cualquiera de estos casos, la mitología griega cobra sentido y protagonismo en esta cinta con la referencia que, sobre el dios Proteo, se hace del farero y sobre Prometeo, del aprendiz, deseoso de ver la luz de la lámpara del faro. Éste puede ser metáfora de muchas cosas y apuntaré que, el director, Robert Eggers, pretendía que fuese considerado por los actores, Willen Daffoe y Robert Pattinson, como un símbolo fálico.
Como digo, podemos partir del convencimiento de estar ante una realidad o ante una pesadilla y esto nos permitirá analizar la película desde distintas perspectivas si la visualizamos por segunda vez. El hecho de filmarse en blanco y negro, le confiere un marco perfecto (sabes que no podría haber sido de otro modo) y le otorga una atmósfera fría y desoladora.
A mi entendimiento, existen referencias a Hitchcock, concretamente a su película «Vértigo» (1958), en ciertos planos que no desvelaré y a «Los pájaros» (1963) Realmente, «El faro» es una película repleta de metáforas, yo diría que instructora, a la vez que conmovedora. Esa conmoción que refiero no es sino un punto rojo intermitente, una alarma silenciosa que se instala en el subconsciente al ver la película, al menos en mi caso (y aquí está mi forma de «leer» este poema) y que me lleva a enfrentar la visión de la vida humana yerma de Dios y Arte. La locura, la culpa por las acciones erradas, terribles, que hayamos podido perpetrar, grandes o pequeñas, ahondarán y oradarán como gotas de ácido en nuestras almas, si ésta logra instalarse en un ser sin miradas alzadas a lo divino (sea Arte o Redentor)
Los dos actores, Willow y Tom, no son sino un Caín bicéfalo en una roca aislada en un mar hostil, como la vida, como la soledad en esta sociedad indiferente nuestra, en nuestro mundo egoísta; un lugar en el que la obsesión por poseer la luz, la riqueza, el «status» (en la cinta, representada por la enigmática luz del faro, objetivo de los anhelos de ambos), bien puede ser el motivo de nuestra propia destrucción.

Os invito a verla, con la mente abierta. Id a la roca y rezad a vuestro Dios u ofrecéos al Arte: necesitaréis un dios para no enloquecer en ella.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cuánta gente en el tren. Gracias a esta circunstancia podré no llorar. Por vergüenza. Llorar es vergonzoso, reír no. Eso lo puedes hacer en un vagón lleno de gente.
Hoy fue un día duro, estuve en shock casi toda la tarde, desde que salí de la consulta del especialista. «Un caso complicado, difícil» dijo. Y caro, añado yo. Lejos de estar segura de poder asumir los gastos de la medicina privada, mi ánimo sé hundió hoy muy adentro de la tierra. Vagué por las calles de Sevilla durante horas, sin saber a dónde iba, bajo el sol, sedienta, llorando, tropezando con adoquines y preguntando de vez en cuando a cualquiera la dirección a la que quería llegar. No tenía suelto para el bus, pero no me importó andar. Me hubiese arrojado, también sin importarme, al asfalto asfixiado de tráfico.
Ahora vuelvo a casa. Aún me quedan tres cuartos de hora de espera del bus que me llevará a Chiclana. Después, cruzaré los dedos para encontrar un taxi.
Intentaré dormir ayudada por una pastilla. Es lo más parecido a morir que puedo hacer hoy.

lunes, 16 de octubre de 2017

Conozco tu fuerza, tu caracter...y sé que tienes que hacer esfuerzos sobrehumanos por controlar eso que llevas dentro, sé que necesitas contenerte para encontrar algo de paz.
En realidad, sé que dependes de esa tensión que te mantiene alerta a cada momento. La buscas bajo cualquier modo, en cualquier estado. Ahí no hay paz...aunque sí una especie de beneplático morboso que agranda la fosa que nunca se llena.
¿Sabes? Podría matarte en uno de esos orgasmos y sé que ni la muerte te habría colmado.
Eso que tienes, no es fácil de controlar.
Me di cuenta al observarte por primera vez. Tus ademanes, tu mirada sesgada, las curvas guiadas por tu sinuosa mente.
Sé que desearías abrirme en canal, arrancarme el corazón y besármelo directamente..pero tampoco así te sentirías colmada.

Al igual que a mí, nunca nada te ha saciado...

Es por eso que ambos somos tan buenos en la cama, el lugar en el que se dan cita la vida y la muerte. Por eso somos adictos el uno al otro. Por eso nos deseamos tanto, pues no es solo sexo; es la puerta que da lugar a las tinieblas la que se abre cuando mi cuerpo entra en ti.
Nos convertimos en algo básico que busca engendrar un conocimiento único que nos permita trascender ese vacío eternamente desprovisto.
Ese abismo es algo que reconocemos el uno en el otro, sin palabras, sin mapas y es aquí donde cabe pensar en algo que trasciende a la propia vida tal cual la conocemos.
Y finalmente, buscamos la sensación de nuestros cuerpos pegados en la oscuridad, abrazados, así como están pegados los sueños a la noche, volviéndonos inconscientes de la realidad que hay afuera.

Sssssshhhhhh.

viernes, 16 de diciembre de 2016

La familia es la ausencia de quién se arrastra para que le quieran.

martes, 15 de diciembre de 2015

LA DIARREA CON REMOLACHA TIRA A LA BASURA A MERCEDITAS.


Semejante a verse envuelto en una levantera es el hecho de escuchar sin querer la conversación telefónica de una señora en el autobús.
Por narices, porque la tienes detrás. Y sin querer, te ves siguiendo el por qué de la diarrea de una tal Merceditas y el motivo por el cual con su detergente salen las manchas de remolacha de la ropa.
Y el "no" que le sigue a un "sí" encapsula tu vida, mientras no respiras porque sabes que va a seguir hablando.
Tras el cristal, corren la bahía, las salinas, los postes de la carretera y tú no corres.
Va a sacar la basura en cuanto llegue y además, comprará un paquete de patatas y lo subirá a un domicilio del que nunca más tendrás constancia.
No lleva los zapatos que alguien se va a poner para sentarse en la Nochebuena a la mesa y no lleva además ningún zapato porque los otros están en la horma.
Merceditas tiene diarrea.
Y la remolacha sale con un detergente que sólo la señora que te grita al oído sabe.
Unos zapatos reposan tranquilos en una caja en algún lugar esperando la cena de Nochebuena, mientras corre la bahía.
Corren los postes y las salinas y la señora dice "ya estoy llegando" y cuelga.
Y la cápsula se abre y eres un pedo cósmico que se disuelve aturdido por el choque brutal con el repentino silencio.
Y tu vida, durante un microsegundo, deja de tener sentido.
Hostias.