domingo, 21 de agosto de 2011

El Ciego - Jose Luis Perales

Aquellos diecisiete años envuelta en estas canciones... mientras los otros niños jugaban a ser mayores.
Aquellas mañanas de autobús yendo a un trabajo de empleada, aquella puerta a la madurez que jamás quise cruzar...
Aquel abrigo entre sus canciones, aquel encuentro con mi soledad...

jueves, 11 de agosto de 2011

Ecce abeja, el tapiz de lana y la fila de pasajeros (quizá fuera un sueño de Alicia...)

Cuando recoges el cuerpo envolviendo las rodillas con los brazos y las apoyas sobre el pecho, se abren las puertas del universo; el universo pequeño, el gran universo.
Eso mismo hice.
Fue entonces cuando encontré una peregrina abeja recorriendo un espacio pequeño del suelo rojo y casi hubiese sido posible no haberla visto si el silencio del monte lo hubiera dispuesto de otra forma.
Una realidad negra y amarilla marchaba sin detenerse a la izquierda de unos pies que no me pertenecían.
En aquel momento me di cuenta de que las abejas no solían caminar tanto. 
En efecto; no era un mérito suyo aquella diligente procesión, la abeja había muerto y era llevada por devotas costaleras como un trono en un culto religioso.


Ignoraba dónde exactamente estaba el hormiguero y si el abdomen de la abeja cabría por él. En buscar el hormiguero comencé a pensar cuando un trueno terrible llamó mi atención justo por encima de mi cabeza... Una fila de pasajeros sentados en cómodos sillones estrechos se empeñaban en llegar a algún lugar.
Me propuse entonces ir con ellos dónde quisiera que fueran: "A cualquier lugar", pensé.
Y mis ojos miopes se esforzaron en seguirlos tenazmente. "¡Esperadme, esperadme!", les decía.
Los imaginé sentados ordenadamente escuchando música o leyendo el periódico sobre asientos de altos respaldos, mientras azafatas con bonitas piernas atendían a sus peticiones.
"Van a Italia.", me dije. "Van a Italia todos en fila, y una ensalada de tomates, queso y albahaca les recibirá muy pronto."


Me pregunté por qué nunca antes había visto ni oído un avión por encima de aquellos montes y me pareció que aquello era algo feo de todas formas.
Puse todo mi empeño en empujarlo más allá de los montes y poco a poco lo fui convirtiendo en un mosquito cada vez más pequeño.
Sé que hubiese sido difícil convencer a alguien de que aquel puntito minúsculo sobre el cielo era en realidad un mosquito volando hacia Italia con una fila de pasajeros en su interior pensando en ensaladas de tomate, queso y albahaca.


Aunque este hecho no hubiera sido nunca un problema para mí, porque pronto conseguí olvidarlo. Tan rápido como mis ojos miopes volvieron a contemplar el cielo con su justo color azul, sin mosquitos diminutos.


Yo no había cambiado mi postura en todo el tiempo y me mantenía recogida como las velas de un navío confiando en el buen viento... entonces, al bajar un poco la vista, me topé con la verdadera razón por la cual había subido a lo más alto de la casa en aquella hora mágica: observar cómo se tejía un denso tapiz de lana de alcornoques... hasta el límite de mi horizonte.










domingo, 7 de agosto de 2011

LAS BARBACOÍTAS DE LAS NARICES.

Vergüenza me da ver cómo dejaron la playa tras las barbacoas por el Trofeo Carranza. Y es que el espectáculo es bochornoso.

Deberían tomar medidas más duras para que esto se evitara, da pena ver nuestra playa llena de basura como un vertedero. Aunque algo me dice que la alcaldesa sí "despertará" de su letargo con motivo del 2012... 
De todas formas los gaditanos deberíamos de querer más lo nuestro y no me refiero sólo al carnaval, porque están todas las calles sucias de meadas de perro (o no) a cada cinco metros y en cada esquina. Da asco. Amar nuestra ciudad es cuidarla, pero a veces se demuestra este comportamiento nefasto que bien deja que desear. ¿Qué imagen da Cádiz? 
He visto en un programa de noticias el espectáculo de basura e inmundicia en que se ha convertido la playa. Todos los años igual, arrastrando a los borrachos para desalojar aquello. ¡Qué inconciente puede llegar a parecer el ser humano, qué poco control, qué asco!

Mi crítica también para la empresa de autobuses que no dispuso más líneas para desplazarse de Chiclana a Cádiz y de San Fernando a Cádiz en las horas en las que se preveía más afluencia de viajeros. 
En el "Pájaro" parada inicial en Chiclana la cola era interminable y los autobuses salían sólo de hora en hora por ser domingo. Hubo personas que se quedaron en tierra, pasando el autobús de largo sin dar explicación alguna el conductor y transportando personas hacinadas como animales de circo.

Gente que no llegaba a tiempo a trabajar... Algunos optamos por ir primero a San Fernando, aunque allí no mejoraba el servicio. Ni mucho menos; la chiquillería (muchos no llegaban a dieciocho), con litros de alcohol, se ponían los cubatas en la misma parada y subían después sin que el conductor ni nadie dijera nada. Fumaron en el trayecto dentro del autobús y este iba con todo el pasillo ocupado de personas de pie y bolsas con botellas de cristal...
No quiero pensar si pasara algo en una situación así. Las normas de seguridad se las saltaron a la torera. 

¡Una vergüenza!



miércoles, 3 de agosto de 2011