lunes, 31 de diciembre de 2012

Todos aquellos
de los palcos cibernéticos,

¿pensarán que algo es cierto?
Los mutantes, al aquelarre echan una hembra o más.

Y de aquello esperan
apoyados sobre su pierna.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Desesperado Carusso...
no te vayas,
quédate. Aunque sólo sea
para decir que
otra vez te marchas...

Aunque tu mar me ahogue,
tus brazos me pierdan
tus besos
me hagan llorar...


Mientras sea tu farfalla amada,
el alimento de tu deseo,
Carusso, amigo
Verde mar mío.

No te vayas...

sábado, 29 de diciembre de 2012

WOMEN ARE NOT A TRAMP (antídoto)

Amador de coños,
no dirás qué tacones,
ni dirás qué perfume.
No alabas la servidumbre,
ni te rindes al pegote de rímel
ni sabes de cenas a la luz de las velas.
Amador de coños,
no te guardas,
ni vigilas, ni te derramas
ni te prestas.
Amador de coños
...las cosas así
están bien,
como son.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Brindo a la luna tu sonrisa canalla,
brindo tu guarida.
Tu saliva.
Mi sexo.

martes, 25 de diciembre de 2012

"EL METRÓNOMO"


-¿Y aquellas marcas bajo la ventana?
-Fue un gato. Un gato que quedó encerrado...



I

Estaba siendo, entre todas sus experiencias, la más gratificante. Transcurridos varios días había observado encontrarse en aquella situación bastante cómodo; una burbuja de recogimiento necesaria para su propósito. Esto llenaba su ánimo de añoranza y sorpresa; lánguidas sensaciones de voluptuosa serenidad que bebían de la firmeza de una decisión a su juicio bien tomada. En definitiva, justa para él más que para nadie.

Llegada la hora de comer, aquella rutina previa al abandono y la conmiseración habían resultado un almuerzo suficiente desde aquella primera tarde fría en las rezumantes habitaciones de Mestre. Comenzaban ahora, sin embargo, las primeras inquietudes del hambre en su proceso hacia la muerte.
Sufría la tenaz insistencia de un estómago vacío llamando a su astucia y de ningún modo hubiere podido hacer algo al respecto; se había hecho encerrar, con total conciencia, durante aquel invierno, tras el cual habría de salir a la luz su mortal travesura y aparecer ante su ama en forma de cadáver descompuesto y adherido a las baldosas.

La decisión, provechosa y bien calibrada como gato adulto de quedar voluntariamente encerrado en alternativa al suicidio por ahogamiento, había sido, según su valoración primigenia, una idea aceptable. El deterioro físico sin grandes sobresaltos y el ordenado y natural cauce hacia la inconsciencia le reportarían con seguridad gratificantes horas de recuerdos enlazados antes de que el primer desmayo pudiere devaluar su lucidez; beneficiarían sus últimas horas de vida dotándolas de sentido, de plenitud.
¡Una plenitud excelsa, mágica, abrigada de pánicos inútiles!.

No obstante había comido ratones. Tras el impacto inicial de ver alterado el orden correcto de las cosas, determinó, después de varias horas en deliberación y arrepentimiento, que debía pensar en ello como en una última debilidad en el ocaso de su existencia y legítima le pareció esta conclusión. Resolvió al fin cegar sus ojos a tal concupiscencia y centró sus ánimos en saberse vencedor en su decisión de esperar la muerte en forma natural.
El hambre y la sed acostumbrarían a lo irracional de sus impulsos a mantenerse agazapados, dormirían sus instintos primarios para abrir por fin las puertas a gloriosos recuerdos de gato receloso y confiado, razonable y vehemente, particularidades antagónicas y percibidas por sus semejantes como toques desconcertantes de lo que, sin embargo, siempre había traducido en un correcto sonido de metrónomo.
En efecto, aún hoy, encerrado en aquella casa de Mestre durante varios días ya y asumida su próxima muerte, podía escuchar el sonido de aquel metrónomo y esperaba pacientemente la entrada de alguna nota, de un instrumento cualquiera, que envolvieren con indolencia su particular presencia.
“Habría de ser, por tanto”, pensaba.

Y entre las notas que las hojas de la higuera y el granado del jardín derramaban ampulosas sobre la tarde de lluvia , el gato, atusado el bigote tras la siesta vespertina, se esforzaba por eludir el incesante aullido del viento, el pertinaz rugido de su estómago vacío, para concentrar su esperanza en el espectáculo trapecista que ofrecían las ramas de los árboles.

Le llegaba a la memoria aquel primer encuentro con sus semejantes, envueltos en la humedad como en la noche. Dormían confiados en sus escondites húmedos, inconscientes de su inconsciencia y felices en su universo. Recordaba las camas sucias, las mantas y los orinales. Las horas empapadas, el tiempo inundado. Los sueños mojados y durmientes, ajenos a la negrura de una madrugada demasiado larga.

El aire, espesado por el vapor de los cuerpos juntos, por la condensación de centenares de espiraciones grises, salían por ventanas cerradas atravesando tablas de madera podridas y macerando a su vez el aire de las calles uniéndose a la humedad exhalada por los canales.
Recordaba con angustia el cielo plomizo preñado de nubes como un cinturón que ajustase bajo ellas el aire. Un cielo que no acertaba a romper en lluvia entonando por ello una nota sostenida parecida a la que un enorme oboe produjere; un gigantesco oboe atascado en una nota eterna, impertinente do sostenido refugiado en algún lugar del universo conocido por el gato.

Recordaba también, en aquel amanecer de sus recuerdos, el amanecer del día siguiente. Sus dobles y triples haces de luz perforando los oscuros agujeros en los que dormían sus semejantes, esforzándose por abrigar y secar aquella amalgama sucia, desfavorecida. Desesperándose al comprobar cómo aquellos seres mojados, grises, escuálidos, insistían en derramar apresuradamente cubos de agua fría sobre los suelos resbaladizos en un pulso sin sentido contra el calor del sol.

Por aquel tiempo aún deseaba amar lo que era.



II



Extendía el gato sus patas desperezando el ánimo en vez del sueño. Encontró una distracción tras los cristales de la ventana; una gota de lluvia que llevaba consigo todos los colores de la apatía arrastrándose lentamente hacia el precipicio del cristal. Aunando sus esfuerzos en el último intento por llegar a algún lugar, demasiado pesada ya y habiendo recogido en su camino otras pequeñas gotas paralelas que acudían a ella de forma irremediable, avanzaba despacio pese a su enormidad.
Deliberó el gato que tal vez quisiera aquella gota de lluvia pensar en qué hacía y a dónde iba. Fue entonces cuando una conmiseración arrolladora poseyó su voz lastimando su garganta seca un maullido, largo, hondo, que se perdió inmediatamente en su proyección hacia la ventana.
Otros tantos ocuparon la tarde, hasta que aquella gota de lluvia se borró de su memoria.

Comenzó la noche del gato en su claustro embebido en delicados dolores. Observó cómo el primero de ellos le rodeaba el abdomen despacio y terminaba haciendo un gran lazo sobre su lomo. Aquel fue el más agradable; enredaba su cuerpo de gato adulto con suavidad, acariciándolo despacio y robándole algún ronroneo. Tenue. Como la luz mortecina del farol de la calle de Mestre.
Siguieron después los dolores intensos, arrebatados, envueltos en la inercia similar al rodar de una noria. Bruscos como las sinfónicas notas del viento, acallados por ellas, obligados a vivir como clandestinas erupciones; sin volcán que vomitar a la tierra. Y no comprendía por qué habría de ser así la muerte. Debía ser más fácil morir. Entendía que el sufrimiento en tal instancia no beneficiaba a nadie y colocó su cuerpo acurrucado bajo la ventana.
Los músculos atezados, los bigotes helados, los sentidos inservibles... Pero se obligó en el recogimiento mortal. Imaginó en tal punto una coraza como la corteza de un árbol y todo él se volvió árbol. Salieron hojas de sus orejas, primero pequeñas hojas aturdidas que fueron creciendo hasta formar pequeñas ramas, después sus uñas astilladas dejaron crecer largas raíces que caían poco a poco por el dintel de la ventana de la casa de Mestre. A fin de ser un árbol más grande y fuerte dejó que éstas se extendieran por todo el suelo de la habitación; se enredaron en las patas de las sillas y en las de la cama, ensartaron como agujas el colchón y penetraron como termitas en la madera. Muy pronto la habitación de Mestre se convirtió en el recipiente del gato.
Fue entonces cuando dejó de sentir dolor y durmió antes de ver cómo una araña que se descolgaba por el cristal encontraba como siempre un motivo feliz para permanecer mucho tiempo más en un rincón de la ventana.



III



El sonido del metrónomo despertó al gato en mitad de la noche. Lo sintió primero en un sueño; creía estar en una gran sala vacía y aquel sonido no era sino el batir de unas palmas que le alentaban a bailar.
Y bailó según el sonido del metrónomo, pareciéndole que aquel compás de palmas era una música exquisita. Demostró su presteza y aplicación al hacerlo, su disposición y elegancia hasta convenir que era un sueño. Sólo al despertar quedó el compás pausado del metrónomo. Podía oírlo con total claridad y abrió bien sus ojos de gato y estiró bien sus raíces de árbol para recibir por fin a la esperada nota musical.
El gato, aventuró emocionado cuál podría ser la primera que abriese en cascada una singular melodía.
En el jardín bailaban las hojas caídas, sobre los cristales morían las gotas de lluvia que corrían hacia los marcos de la ventana, dejando tras de sí por un instante un leve rastro que el viento enseguida secaba para dejar caer otras nuevas.
La araña envolvía una pequeña presa en su rincón de la ventana cuando el hombre que miraba la lluvia dejó de hablar en voz alta y cayó al suelo de baldosas.


viernes, 21 de diciembre de 2012

HEROÍNA POR COJONES

Lamentablemente nos vendieron la moto. Muy cara, además.
Las mujeres, en pro del más deleitoso de los éxitos personales, por lo que piensan algunos, habrán de considerar el hecho de que la crianza de los hijos es exclusivo de las féminas.

Y lo dicen mujeres a las que consideraba no machistas. Observo entonces actitudes retrógradas, asimilaciones asfixiantes, injustas.
"Se tiene el hijo pensando en que es de una..." "Esto tenemos que aprenderlo..."

¿No exigir responsabilidad, entonces?
¿Se es menos madre o se quiere menos a los hijos por ello?

De esta forma eximen al padre de su responsabilidad, para que él elija si le apetece más las cervezas en el bar o estar con su hijo.

Disculpen ustedes; 

YO NO SOY UNA HEROÍNA.

martes, 18 de diciembre de 2012

UN POLVO DE ESTRELLAS

No supe nunca cuántos años luz habría recorrido, ni qué misterios cósmicos hubieron visto sus ojos.
Lo único que puedo saber con certeza es el motivo de su largo viaje.

No hubo vibración que saliere de su garganta, ni estremecimiento alguno conmovieron jamás sus huesos.
Su empeño firme y calmado sometieron la desconfianza que me provocaba su cuerpo sin sexo; el hecho de imaginar que sería incapaz de dar placer.
Ofrecía sin embargo una imagen andrógina, bella, armoniosa, de elevada estatura y piel como la ardora que me excitaba lentamente, como una marea que penetrare pausada en la tierra, lamiéndola voluptuosa, recreada en el poder de invadir la intransigencia y convertir mi voluntad en una solicitud apremiante y desesperada, mi aliento en sonidos guturales, subterráneos, apostándose al fin sobre mis labios en gotas de saliva que repartía con mi lengua sobre su rostro.

Una y otra vez percibía la intención de sus deseos como una voz susurrante en mi mente, después de forma clara cuando aquellas olas cálidas se extendieron por mi vientre, acelerando mi sangre.
Entonces se colocó a mi espalda y comenzó a tocar la nuca con sus dedos, la frente, el rostro. Suavemente, rociando mi cuello con su aliento.
Los mejores polvos de mi vida se sucedieron de nuevo en mi cuerpo, uno tras otro, como un caudal desenfrenado de agua... y pronto fui un mar de saladas esencias, temblorosa y vencida.

Cada roce era una nueva sacudida, agotadora, que dejaba mis recuerdos vertidos generosamente en su ser. Se alimentaba de mi placer y de nuevo me lo ofrecía, en un flujo de energía sin fin.
Su firmeza, la confianza que aquel ser transmitía, inoculaba en mis venas un placer infinito tan sólo con la tibieza de sus dedos. Jamás me había sentido tan hembra, tan deseada, tan perdida...

Fue entonces, llevada por un placer desbordante e impulsada por un recuerdo tan ancestral como indomable, cuando hallé en mi boca su carne, desgarrada entre mis dientes en pequeños hilos.

Despojada de todo recuerdo observé la terrible herida en su cuello y el manar impetuoso de sus arterias.
Lejos de sentir nada más, apresuré mi deseo más anhelante y comí de su carne blanca y suave hasta poseerle...

viernes, 14 de diciembre de 2012

TOC

TOC

Abel creyó siempre que los ciento doce tapetes almidonados con los que su mujer adornaba el hogar, que el ceremonial de doblar las toallas en perfecta forma rectangular y el meticuloso planchado de los embozos, eran cosa de mujeres "señoras de su casa".

Anita murió de cáncer sin poder limpiar con lejía sus células, sin restregarles el estropajo como hubiere deseado, sin ponerlas en orden, imp
olutas...

Quince años después de la muerte de su amada esposa, Abel hubo de recomponer su ánimo cuando alguien le habló del TOC.

Supo entonces que quién dejaba los embozos de puntillas perfectamente planchadas, quién se esforzaba en la pulcritud de las toallas esponjosas y dejaba los ciento doce tapetitos primorosamente almidonados, no había sido su esposa sino un ser extraño con el que convivió casi treinta años...

martes, 4 de diciembre de 2012

CONSEJO

"Aliméntate bien", le había dicho.
Y Charito se fue al balcón para exponer la canica a la luz del día, por si algún habitante del pequeño planeta ambarino hubiere decidido salir a saludarla en aquella mañana.

martes, 13 de noviembre de 2012

domingo, 4 de noviembre de 2012

PASCUALINA CASTAÑEDA


PASCUALINA CASTAÑEDA

en "LOS BENEFICIOS SOCIALES DE SACAR A TIEMPO EL CUBO DE FREGAR AL DESCANSILLO"

La mañana de Pascualina transcurría tranquila adornadita de grises por todos lados, hilvanado el cielo con unas hebras de lana blanca para jersey de invierno y un silencio de café con leche que sólo acompañaban la bata de guata y las zapatillas con el  bordado de conejo. "Ras, ras", decían, a lo que Pascuala respondía sin miramiento alguno paseando por la cocina con un suspiro de cuando en cuando.

Pronto serían las ocho de la mañana, los niños se habían marchado ya, uno a trabajar y el otro a buscar trabajo que la cosa estaba muy fea. Menos mal que su querido Silvestre sí que contaba con la nómina y ahora con la cesta de Navidad, que dirán lo que quisieren decir pero que es un desahogo, sobre todo para recibir visitas de cuñados y cuñadas con niños a deshoras. A Pascualina no la cogían nunca en un desavío, qué va. Ella era organizada como pocas, con un don para la logística y la administración que tiraban para atrás, que ya envidiaren muchos jefecillos para sí, eso seguro.

Hoy, lunes frio y aburrido no tocaba trabajar; no había llamado la señora para ir a recoger la casa así que se disponía a recoger la propia.
En ello andaba doña Pascuala, Pascualina por defecto, que se le quedó el ricito aquel de cuando un sábado de feria de hace treinta años que le dio por cantar una coplilla inventada por ella a un grupito de amigas que resultó ser de envidiosas. Una copla bonita y en honor a su persona y que, para disimular la deferencia, había titulado: "Pascualina limón"
¡Uf, aquella broma...! mejor ni acordarse, que le llovieron caramelos, garrapiñadas y peladillas de colores y tuvo que echar a correr atravesando toda la feria... Tan sólo pudo parar cuando cayó en el fango toda temblorosa del susto, habiéndose pisado un volante de la falda... Ya tan sólo alguna vieja amistad y su familia se acordaban del por qué de lo de Pascualina.
Ella lo tomaba con cariño más que nada por no disgustar a su marido, pero las vecinas... ¡qué va! Para las vecinas ella era "la Pascuala", hembra de carácter, morena y con cuarenta y nueve años envueltos en un celofán hermoso de michelines criados a conciencia aún sin disponer de mucha dentadura, que eso nunca le había quitado el hambre a ella de magdalenas y de pan "cucurrúo".

Las ocho ya. El aroma del café recién hecho se colaba por las habitaciones y por debajo de la puerta de la entrada, por su aparato olfativo y por debajo de la bata, que hasta los conejitos movían las orejas de gusto.
Al segundo sorbito de café las orejas de Pascualina se enderezaron, también de gusto, cosa milagrosa ya que esto le sucede a los animales, normalmente. Siempre existen excepciones en humanos, como era el caso de Pascualina Castañeda cuando andaba sola por su casa.

Un ruido, un jaleo pequeño, una queja, algo más que un murmullo se dejaba oír tras el tabique del salón, en el piso de al lado. Allí vivían o al menos sobrevivían, una madre y dos niños. Los tres solos. No era mala muchacha, qué va; un poquito coqueta nada más. Sin embargo Pascualina se guardaba muy bien a su querido Silvestre entre los muslos apretados, por si acaso la coqueta anduviere con hambre alguna vez...
Al principio había recelado un poco pero en aquel piso de al lado había tanta tela que cortar que ya en aquellas cuestiones del cuidado se había ella relajado un poco y ahora centraba toda su atención en cualquier ruido interesante que viniere del tabique del salón, que para eso había cambiado Pascualina el sofá de sitio, para sentarse tranquilamente en silencio a escuchar. Aquello podía llegar a ser un cine, un entretenimiento maravilloso.

La mañana prometía, al menos eso parecía por las voces que había creído oír. Dejó la taza de café aún caliente sobre la mesa de la cocina, cogió un vaso del estante de los platos y se dirigió al salón movida por un resorte, como un muñeco al que le acaban de dar toda la cuerda posible.
Los conejitos ya no hacían "ras-ras"; Pascualina los había mandado callar por si acaso. Por defecto profesional podría decirse.
Encajó el trasero como pudo entre el brazo del sofá y la mesita del teléfono, con cuidado de no tirar el jarroncito de china, regalo de bodas y futura herencia para la nuera más buena con ella a su vejez...

El instrumento para la escucha era un simple vaso, normal y corriente, de agua para más señas que colocó sobre la pared como si fuere a beber el agua con la oreja.
Permaneció atenta unos instantes, contenida la respiración y muy abiertos los ojos chicos. Las pestañas húmedas pegadas a los párpados, dispuestas en ramilletes, daban de lejos la impresión de ser cuatro o cinco en total alrededor de cada ojo y recordaban a las plantas carnívoras esperando a un insecto tontón para darse el festín.
"¡Ay, las ocho y diez, ay, ay...!", podía escuchar Pascualina. "Y ¿ahora qué y ahora...?" ¡Blam!. Un portazo proveniente del salón del piso de al lado la dejó con la miel en los labios... Parecía que habían cerrado la puerta del pasillo, la que comunica con los dormitorios. "Esa tenía que ser"-se decía-, porque los pisos estaban dispuestos simétricamente y era la única puerta que una vez cerrada podía dejarla con tan sólo la mitad de la información metida en el vaso de agua... "Han cerrado la puerta del pasillo...", se dijo apartando el vaso del tabique y rascándose la marca curva del filo sobre el cachete izquierdo. "¿Y ahora...?",se  lamentó desplomando su cuerpo blandito y "embatado" encima de la cahemire del sofá.

En la mesa de la cocina se quedó dormido el café con leche, las hebras de lana blanca del cielo comenzaron a tejer una bufanda sobre las azoteas del barrio... No muy lejos, más arriba de la cuesta "Los pobres", por la carretera de Medina, comenzaba a oírse más cerca cada vez, el pregón "jartible" y acostumbrado del que venía vendiendo, como cada lunes, papas y naranjas...

Pascualina se removió sobresaltada y despertó de un sueño extraño de carpas de feria de colores y puestos de algodón dulce que de pronto comenzaban a convertirse en objetos animados que la perseguían por un camino embarrado y oscuro lejos de las luces de la fiesta.... Soltó un bufido de alivio al verse repostada en su sofá. Un regusto a café en la boca y un hambre feroz la hicieron después gruñir de rabia. Pero esto se le pasó enseguida también, en cuanto se acordó de las voces aquellas de por la mañana... Se había quedado dormida... No podía ser, ¿qué hora era? ¿y el café con leche? y la vecina ¿dónde estaría?.

Cogió el vaso que había dejado sobre el cachemire y se incorporó con trabajo; una, dos y hasta tres veces se le fue el trasero de nuevo al asiento. Resoplando, soltó el vaso y apoyó bien las manos para intentar levantarse de nuevo sobre el brazo del asiento y un cojín...

No se escuchaba nada, ningún ruido. Las once de la mañana eran ya. Esto no se lo podía perdonar ¿qué detalle de la historia se habría perdido? Iba a quedarse sin saber por qué la vecina de al lado dijo lo que dijo y por qué había cerrado la puerta del pasillo... Pero, aunque la necesidad era grande, muy grande y acuciante, lo primero era lo primero; el café. Ligerito ahora ya, recalentado que no daba tiempo para más. Un sorbito bien caliente y un mordisquito a la magdalena de limón. Con eso ya volvería Pascualina a entrar en su cuerpo de verdad.
Metió el vaso en el bolsillo de la bata y arrebujó un poquito dentro de ella las lorzas que se habían colocado de mala manera durante el sueñecito involuntario en su sofá.
De nuevo se oyó trasiego al otro lado del tabique. Sí, sí. ¡ay qué feliz, qué feliz! Tenía que saber, aunque ya podía intuir lo que había ocurrido, pero debía cerciorarse. De otra forma la digestión del almuerzo se la comería a ella y no podía ser; no podía tener mala digestión que después le daban gases y eso sí que era malo.
La vecina se disponía a salir de casa con los niños. Sí, sí... Oía trasiego de maletas escolares y pasitos precipitados, eso confirmaba su teoría: ¡la vecina se había quedado dormida y no había llevado a los niños al colegio!.
Pascualina se sentía feliz, un gozo inmenso le llenaba enterito su cuerpo embatado, desde las zapatillas a la coronilla y un estremecimiento, que recibió agradecida, dibujó una sonrisa mellada en su cara de lunes.
La coqueta se había quedado dormida... "Claro… A saber si por la noche no anduvo esta con eso del internete hasta las tantas..., ¡qué ejemplo de madre...!”. Y es lo que digo yo... ¡que hay mamás y mamaítas...!, sentenció en voz alta.
Todavía faltaba lo mejor. Pascualina tenía que hacer algo más, lo más importante si se paraba a pensarlo; la vecina coqueta debía saber que ella, Pascualina, la había pìllado infringiendo una norma fundamental en toda madre que se precie: no quedarse dormida nunca. Ella desde luego nunca. Ella sí que era una madre en condiciones, como está "mandao", que aún a sus hijos atendía gustosa en todo aunque ya pasaran de los veinte años...
De un salto, como si fuere la bailarina de una cajita de música, entró al lavadero a por el cubo y la fregona, el limpiasuelos con olor a pino y un trapo que empapó de limpiacristales. Esto la ayudaría como excusa para justificar su presencia en el rellano; ¡no era cuestión de que la tomaran por cotilla...!
Ajustó el cinturón de su bata de guata y abrió la puerta. "Ya verá esta ahora..."

Teresa abrió la puerta y colocó las maletas en el rellano, aún daba tiempo de llegar al colegio para la hora del recreo... De repente se percató de que la vecina le miraba apoyada toda entera sobre el palo de la fregona con los ojos fuera de las órbitas. ¿Y esto?, pensó sorprendida.

Los niños salían de casa cuando Pascualina, en un esfuerzo atroz por no desmayarse de gusto acertó a enlazar una frase que le salió de las tripas:
-¡Uy! ¿es que no han ido los niños al colegio hoy...?




viernes, 2 de noviembre de 2012

"LA CANASTILLA"

LA CANASTILLA. 

"¡En fin!, que me la encuentro en el autobús de Solagitas viniendo yo con ganitas de cháchara...
Lo primero que le dije, haciendo referencia a los puestos de garrapiñadas, chorizos y camisetas de la Plaza de las Bodegas, creo que no le hizo mucha ilusión. Me miraba de soslayo, como acostumbrá a soslayar muy de seguido.

Iba para el cementerio viejo a poner flores a no sé quién, que ya se había encargado ella de adecentar toíto aquello la semana anterior; la lápida, con su buen enjabonao y las letras bien repasadas con pintura porque se les había ido el color. Sólo le faltaban las flores; unas azucenas que ni parecían de mentira ni ná.
Me dejé caer y le confesé que yo no disfrutaría el día de mañana de sepelio alguno.
Es que me ahorro el disgusto de tener que pagarlo todos los meses -le expliqué-, además, no he encontrado hasta hoy un sólo cadáver por las calles, ni de perro siquiera, así que he decidido terminar mi vida en rebeldía.
La utopía que acaricio -le dije- es la de ser comidita güena para algún buitre de la sierra, a falta de tigre que sería lo suyo... ¿Qué?
¡Hombre, que yo le di mis razones, no te vayas a creer! Pues nada.
Empezó a hablarle a otra de las que iban en el autobús, diciendo que a ella el nicho de perpetuidad y que dos mil euros eran poca cosa...
Pero lo que ahora me tiene así no es eso, no.

Pobre niña... ¡Pues no dice la borrica que ya fue a preguntar lo que costaba hacerle el seguro de los muertos a la nieta y todavía la hija está de ocho meses...!
¡Er sangangui de la gachí...!"

sábado, 20 de octubre de 2012

Aquella cuadratura antes amada diluye ahora lenta y tediosa las horas del día, expande también los impulsos binarios, ahoga en piélagos las frases hechas.
Impone calibradas razones sobre las cuerdas del tendedero, fagocita la cena y rinde en la cama su último latido donde será obligada a hacer el amor silenciosa como un insecto.

domingo, 14 de octubre de 2012

UN "HOMO NEANDERTHALENSIS" EN LA PARADA DE AUTOBÚS.

"El hecho de no encontrarme con ninguno desde hace tiempo no implica su inexistencia".

Esto es lo que debía haber pensado cuando escuché la letra de una canción desentonada; aquella que obliga a desear estar en otro lugar.

"Llámame antiguo, llámame machista..."

Al pasmo inicial siguió un sentimiento de alivio. Y es que ahora creo que quién me habló fue uno de esos maltratadores, candiles de puerta ajena... Afortunadamente estos seres me suenan de lejos.
Reconocí en sus jactanciosas afirmaciones a aquel "Juan" que describí hace tiempo en uno de mis relatos. "El amor de Juan". Un desgraciado. Un terrorista de bata y zapatillas.
Uno de aquellos que piensan que su mujer no debe tener amigos; es más, que su deber es estar en casa cuando él llega.
...Y ella quizás siga pensando que no sólo cocinando bien se asegura al maridito bajo las faldas, también ha de ser necesario "ser limpia en la casa y puta en la cama".

La próxima generación de estúpidos como este se hartará de sopitas de sobre.

martes, 2 de octubre de 2012

LIBERTÀ



La criniera al vento nel galoppo della notte
lunga folta superba coda in danza
sudato ebano con schiuma in bocca
complice la luna
erba in religioso sacrificio
mia libertà di purosangre.





Las crines al viento en el galope de la noche
larga espesa soberbia cola en danza
sudado ébano con espuma en la boca
complicidad de luna
yerba en religioso sacrificio
mi libertad de purasangre.



NADIA CONSOLANI

VENEZIANAMENTE
           C

domingo, 30 de septiembre de 2012


... Al amparo de la abuela clueca, pasea la niña a su bebé mantenido de pucheros.

"¿Por dónde te has tirado tú el peo?" La abuela lo levanta y le hace cosquillas en la barriga blanca,
mientras la orgullosa madre agrega nuevos amigos a su cuenta de Facebook.

lunes, 25 de junio de 2012

EL NO TAN EXTRAÑO ORGASMO BIFÁSICO MASCULINO.

Existe la convicción de que tal proeza obedece a una decisión completamente voluntaria.

Al igual que las mujeres, que pueden sentir orgasmos muy intensos si se estimulan a la vez el "Punto G" y el clítoris, el hombre posee una curiosa motivación que les hace sentir los reyes del universo en cuanto a catálogo de placeres se refiere: el orgasmo bifásico. Defino orgasmo bifásico como la capacidad de relegar la plena satisfacción sexual hasta que no pueda relatarse la aventura de machote al amigote de turno.

Normalmente se da en individuos de cultura microscópica pero con sonoros vaivenes narcisistas, la mayoría de las veces jactanciosos de su virilidad de escaparate. Son errados comportamientos que, en multitud de ocasiones les aboca a no repetir cópula con la misma mujer, no por iniciativa propia, sino por un irritante amor propio femenino (que dirían ellos).
Es claro; las posibilidades de mantener relaciones sexuales con mujeres en un mismo grupo de amistades o sociedad, es inversamente proporcional al conocimiento que tengan ellas de que estos hechos se hayan dado. O lo que es lo mismo: a ninguna mujer (¿o a alguna le gusta?) le agrada saber que sus intimidades se airean en talleres de chapa y pintura o barras de bar... 

Menos mal que hay hombres en cambio que saben lo que es el respeto. Esos son los que se llevan el corazón de una mujer. 

domingo, 24 de junio de 2012

LA EXCURSIÓN.

¡Qué noche maravillosa... si no fuese por el hambre! ¡Qué cosquillitas de emoción poder salir de casa; de este agujero aburrido sin televisión! ¡He de correr mundo, ya, ahora mismo... necesito caminar y explorar.  La noche me ampara!
Subo desde mi casa, torpemente al principio, a lo más alto. Quiero ver, tentar, oler. Aunque todo esté oscuro no tengo miedo. Sé por dónde voy, hacia dónde voy. Tengo hambre. Primero iré a la cocina, deprisa, a comer algo. Después me jactaré de mi proeza y me tumbaré en el patio para admirar a la luna.

Acabo de oír cómo alguien abre una puerta, me esconderé un momento. No quiero que nadie vea lo que estoy haciendo. Yo sé esconderme... aquí mismo tras la puerta. Aquí estaré bien un buen rato. Me da igual lo que vengan a hacer, después seguiré con mis planes.
Parece que me han descubierto, he de huir ¡rápido!... voy hacia la luna, he de llegar al patio. Me persiguen. Camino deprisa, corro, huyo. Sí, me persiguen. Tendré que dejar la comida para después.
El hambre no me deja pensar con claridad... Comienzo a percibir un extraño olor...¿qué es esto?. Estoy mareado, me cuesta caminar. Tengo que volver a casa... ahora estoy cansado. Pero ¿hacia dónde estaba mi casa?
Todo se ha vuelto más oscuro aun... allí está la luna, al fin. Puedo verla desde la ventana... He llegado a ver la luna, aunque sea tan sólo desde la ventana. Ya no puedo moverme. Ya no siento el hambre.
Apenas puedo mover mis patitas.




viernes, 22 de junio de 2012

EL CUENTO DE LOS CINCO EUROS.


Lamentó Pascualina el desproporcionado derroche de energía preguntándose a continuación si la insípida barrita de cereales le mantendría en pie durante el resto de la tarde; mucho temía que el incidente abocaría en un consumo despiadado e incontrolable de galletas María u otro vacuo artificio para la reposición del ánimo.

El asedio oriental le había dejado hilitos blancos en la comisura de los labios. Parecía un perro rabioso. Bajo el sol inexorable, la carne morena brillaba en destellos de sales minerales abandonando irremediablemente su organismo.

Se obsequió con una mirada hacia la puerta del bazar: al menos veinte personas continuaban observándola con curiosidad.

Pascualina se sentía Agustina de Aragón. Apretaba fuerte el billete de cinco euros objeto de su esfuerzo mientras cruzaba la carretera en grandes zancadas. "¡El tiquet, el tiquet!... ¡Tu puñetero padre, el tiquet!... ¡y la cara del chino y de la china y la del otro chino con barba de chivo!" "...si compré una minucia... iba yo a guardá tiquet ni tiquet...¿y pa qué el tiquet?... ¡no sabe ná ni ná... darme mi dinero verdadero gachón y el billete falso te lo mete en los cojones!, la madre que te parió, el chino..."



Hao Hing rasgó el billete ante la paciente fila de clientes atónitos. Acertó a ver, atrapado en una nebulosa de desconcierto, cómo salía de su bazar la mole de carne bronceada que acababa de agarrarlo por la camisa con la fuerza de un troll acusándolo de estafa. 

Li Mei temblaba. Y tembló durante el resto de la tarde sin perder de vista la puerta de entrada a la tienda. "¡Yo no le di el billete Hao Hing, yo no!".

Jiawu y Hao Hing colocaban en su lugar las cajitas de cartón con sus anillitos de gemas de plástico; tardaron más tiempo en recoger el expositor de gafas del suelo y más aun en buscar todas las canicas grabadas con el nombre de los jugadores de la selección española de fútbol lanzadas como balas de cañón por aquella fiera sobre sus cabezas...



Pepe "el bigotes" acababa de vender los pocos camarones que le quedaban en la cesta. Determinó pregonar entonces con más ahínco el resto del género "¡Llevo lah canne é boca!... ¡La mojama...!"

Sonrió para si: "...¡A mí la crisis!"

jueves, 21 de junio de 2012

DE LO QUE ACONTECIÓ EN UNA MADRUGADA EN HORA IMPRECISA Y LLEGARE A ENCENDER LA LITERARIA IMAGINACIÓN DE MRS WILSON.


Cierto es, reconoce Mrs Wilson, que la generosa amplitud de un colchón confortable a menudo exige el sacrificio de la soledad. Curiosas son las mil y una posturas del amor y la compañía individuales en un terreno de uno treinta y cinco con almohada de látex para cervicales rencorosas.

Se gana esto también con la voluntaria viudez: enajenación mental maravillosa y permanente que ofrece a menudo llaves al mundo de Alicia...
Esto debió pensar tras el movimiento telúrico, seguido de un tintineo de lamparita que sintió aterrizar en el piso de arriba aprisionándole el corazón en un trotar de latidos desbocados, dolientes.

El impulso primigenio de subir a socorrer a la vecina, aún a riesgo del irreversible desvelo, fue sosegado por el inconfundible tono grave de varón; marido solícito que acudía a ayudarla a levantar del suelo y a consolar el rosario de ayes de unas gloriosas carnes vapuleadas por el golpe inesperado...
Un llanto lastimero pudo escucharse durante largos minutos favorecido por las paredes del palomar, llenando en hora imprecisa con guirnaldas extrañas el silencio de la madrugada.

Mrs Wilson caviló trabajosamente sobre lo sucedido; no era sueño por tanto, se dijo: la vecina se había caído de la cama junto al contenido de la mesita de noche y ante el repentino silencio del marido al auxiliarla y el prolongado llanto desconsolado de la mujer, Mrs Wilson se adjudicó tan sólo un pensamiento, una conclusión satisfactoria que le permitiere de nuevo conciliar el sueño en paz.

"Pobre mujer... estos son los daños colaterales de una afición desmesurada al fútbol..."

martes, 12 de junio de 2012

OTRA VEZ VISITACIÓN


...Venía Visitación por la acera dando saltitos como un gorrión, chiquitita y colorada, con su peluca color tizón mal puesta y asomándole por encima de sus orejas de mono tití los pocos rizos plateados que habrían de quedarle al boliche perfecto de su cabeza.

Corría ligera como el viento, para acudir tal vez a vigilar el reclamo invasor del pitorro de la olla o al chillido cariñoso de uno de sus polluelos de grandes zancas y hermosas carnes.

-¿Descansar yo? ¡Descansar yo! -me dijo sin pararse, antes de empujarme con un manotazo cierto, como reafirmando al mundo su necesidad invariable y legítima del uso diario de un buen trozo de acera.

Nadie más que ella sufre en el barrio a la hora de las comidas...

viernes, 8 de junio de 2012

LOS GATOS DEL CALLEJÓN

Hay gatos con mechas caseras o tintados de excipientes a cuatro perras.
Repeinados en tupé vigoroso de fibras escardadas con esmero de soportal.
Algunos rematados como escobón para empedrados
otros de zarcillos de oro a cuenta de hachís del bueno
y es que para eso queda después de la gasolina y el tuneo de tradición.
Nobleza obliga.

...Y tras las casas, protegidos por el descampado,
hay gatos que se sueltan del pelo de las niñas en un latir de ingles
para que los reyes del callejón les inventen una vida bajo las farolas,

... donde, melladas y engreídas, parirán quizás a sus hijos.

miércoles, 6 de junio de 2012

AMAGO DE TRAGEDIA GRIEGA EN "PANADERÍA LOLITA"


Pues nada hija, que viene la vieja malage y se me pone por delante, así como de paseo torero. Me quedo yo con el índice levantado señalando las barras calentitas y buscando en la distancia la más tostá para hacer los bocadillos de la playa. Y ella que se coloca a la izquierda en un arrebato de yo qué sé y recoge toda la disposición de la Lolita sólo con un meneo de barbilla así para arriba, mientras coloca la manaza en lo alto del mostrador como si quisiera mearlo y dice: "Me pone una empanadilla y una cerveza sin alcohol, que estaré sentada fuera en la terraza".

¡Digo!. Y se queda tan pancha la vieja, como si yo fuera transparente todo el tiempo... No, no, que se lo dije a la Lolita... eso, eso mismo... que la mala educación de la vieja, para pegarle dos tortas y no precisamente de las de mazapán de la vitrina, que esa se las come en un arriquitaun, la vieja pellejosa... que sí, como te lo digo... ¡Menos mal que me cogió ya con la regla en curso que sino le arreo una bomba sintáctica que la crujo entera!... ¿El qué?... ¿las niñas?... ¡Ah!, eso fue lo más gracioso del conjunto... ují... 

Va mi hija y me dice: "Mamá, pero baja el dedo ya"... ¡Uf!, sí... jajaja... y es que todavía seguía yo emperrá en no perder de vista la barra cucurrúa que ya tenía localizá desde el principio...

martes, 5 de junio de 2012

...AQUEL VESTIDITO ROSA...

La emoción telúrica recorriendo sus venas, empapando la piel virgen... los pequeños pechos, debilitando el muestrario de huesos.
La larga melena conjurada en el espejo mil veces ante los ojos miopes y las manos temblorosas que no aciertan a abrochar los botones de su vestidito rosa.
La niña más niña una tarde a las seis... y un morir y un renacer extraño al imaginar la caricia que quizás sería, dormida hasta entonces en la almohada avergonzada con sus besos secretos.
Cesáreo le había invitado a su cumpleaños.

Veintisiete años después, en una perdida madrugada, una mujer habrá de sorprender en su recuerdo aquel pulso desconocido al abrumador erotismo. Desconocido... mientras mordía, lamía ávida aquella plumita azul que tan sólo un minuto antes recorría distraída su rostro, sus labios.

Después de soplar las velas Cesáreo tomó de su tarta un adorno lleno de merengue. Mirándola sólo a ella pasó goloso su lengua por el dulce...
-Para ti -le dijo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

EL RETORNO A UNA FRASE DE MI INFANCIA.

De las historias de poco andar vertidas en mi blog, quizás sea ésta la menos graciosa. Es triste; me devolvió a una escena de mi infancia cuya comprensión me llegó del todo en la adolescencia.


-Hay que ver... quitan profesores y ponen más niños en cada clase. Qué vergüenza...
-Pues sí, así están las cosas, Carmela, ya ves tú. ¡Y lo que nos queda!
-Digo, y estos a lo suyo, venga reducción y reducción. ¿Tú te puedes creer?
-Pues hay gente que, en su casa, no tiene de nada, Carmela. De nada, de nada, fíjate.
-¿Y eso de que "en mi casa estamos todos parados"...? Pero, ¿qué es lo que la gente quiere...? ¿qué tengan trabajo todos en la casa? ¡Anda, por Dios! ¿Eso cómo a va ser? ¿eso cómo va a ser... que una mujer tenga el trabajo de un hombre? ¡Vamos, que le quite el trabajo a un padre de familia! El trabajo de los hombres es de los hombres, ¿dónde se ha visto eso?
-¡Digo, digo, Carmela, así es!

-... ¡UNA MUJER QUITÁNDOLE EL TRABAJO A UN HOMBRE...!

miércoles, 16 de mayo de 2012

EL PEZÓN VERGONZOSO O EL PROBLEMA CREADO DEL EROTISMO SUBYACENTE.

Deberían volver los corsés y los miriñaques. Los cinturones de castidad y las almenas con ojivales ventanales. Las bragas de cuello alto y las fajas de tres vueltas.
Así, la femineidad maravillosa, punzante, viva, delirante, gozosa, se iría a dormir a los dormitorios. Todo sería uniformado, cómodo, plano, monocromático, adecuado.
Necesariamente vergonzoso, libremente vergonzoso si la femineidad se mantuviese oculta.
Los pezones como gomas de borrar, como galletas de chocolate, como gominolas dulces serían celosamente guardados para las salas de lactancia.
La negación del cuerpo daría la razón a los sujetadores con convenientes aros y rellenos de espuma.

Que se vayan a la mierda los artificios.



Pechos de mujer. Juan José Salcedo Valderrama

viernes, 11 de mayo de 2012

AMORE

Rondan mi cuerpo desnudo
hiedras que se entrelazan
olas que nacen entre canciones
y mueren entre suspiros
Esencias derramadas...
en el pulso de tus sentidos...

jueves, 26 de abril de 2012

LA MUJER ETERNA

Crucé la carretera buscando la sombra, en la marquesina de enfrente podría esperar el autobús también y al verlo llegar me daría tiempo de volver a cruzar; donde me encontraba hacía demasiado calor.

Al sentarme a la sombra, la vi en la acera opuesta, en el banquito al sol bajo la marquesina, esperando la línea once, dirección a la estación de autobuses.
Tendría al menos sesenta años.
Me vio y cruzó para preguntar a qué hora pasaba el autobús en dirección contraria. Le respondí sin ganas, con una falsa cortesía propia de un vendedor de seguros. No tenía ganas de hablar, raro, sí; estaba cansada...

Un rato estuvimos mirando la carretera por si veíamos el autobús y volver entonces corriendo a la marquesina soleada.
Comenzamos a hablar sobre flores... No sé cómo, pero nuestra conversación lució entre begonias, narcisos, azaleas, orquídeas... y hermosos geranios. Me hablaba de la finca que vendió antes de enfermar su marido, de los dos mil quinientos metros que tenía llenitos de árboles frutales y flores.
Su marido se había encargado del huerto, pero las flores se las dejaba a ella: “mucho trabajo era”, recordaba.
-Si me tocara ahora un dinerito, te aseguro que no compraría algo grande y no pondría flores; las flores son mucho trabajo, cansan... Aunque antes lo hacía con un gusto especial, antes... cuando vivía mi marido. ¡Si vieras cómo lo tenía todo! ¡más bonito estaba todo!
-Imagino que como los patios cordobeses; siempre digo lo mismo: “este año voy” y nada. ¿Algo así? ¿Bonito como los patios cordobeses...?-pregunté.
-Sí, sí. Pero qué trabajo, qué trabajo... ¡Ahí llega el autobús, vamos, vamos...!

No sé cómo se llamaba, ni cómo se llamaba su marido. Sólo que murió con setenta y tantos años, según me dijo.

La señora tenía unos ojos como los de las muñecas. Tras las gafas aún se veían más grandes. Grandes, verdes como las olivas. Esos iris maravillosos... como los de las muñecas. Sólo conozco a una persona que los tiene así, en color azul. Azul sueño.

Siempre me ha gustado recrearme en lo que dicen los ojos, su color y su forma. Y su lenguaje: la mirada, la forma de mirar. Se conocen tantas cosas de los demás por la mirada...

Me senté junto a ella y seguimos hablando sobre flores. Un trecho. Me gustó recordar el “zapatito de la reina” con ella; aquella maravilla de flor con un nombre tan coqueto... Volvió a las orquídeas antes de retomar el recuerdo de su marido.

-Era tan bueno, tan cariñoso... Cuarenta y ocho años estuvimos juntos. Cuarenta y ocho... Ahora estoy sola; mis hijos y mis nietos son mayores. Vengo a la playa y a la piscina con algunas amigas, esos son los ratitos que me quedan, sino...
Ahora llego a casa... ¡y estoy allí tan sola!

Yo sentí un pellizco en el alma, de pena, de eternidad, de angustia. Me sentí responsable de decirle lo que pensaba:
-¿Sabe que le digo? Que dichosa usted que ha disfrutado de él tantos años, de sus atenciones y de su cariño. Quédese con esa dicha, porque a otras nos toca enamorarnos de un príncipe y descubrir a un monstruo.

Quería consolar su tristeza, porque ella consolaba la mía; imaginarla tan feliz con aquel hombre me hacía sentir una alegría infinita, como si yo tuviese parte en todo ello. Sentía que de su felicidad se desprendía un trocito como el pan recién hecho, oloroso y tierno para mí. De aquel pedacito de felicidad que volaba por no sé qué dimensión tomé una pequeñísima parte consolando mi soledad eterna.
¿Cómo puedo explicar esto? ¿qué soy yo que siento estas cosas como una herida en carne viva? ¡Y pensar que no me importaría morir en un instante de estos!
Así sentía cuando ella me hablaba de su marido.

 Ella proseguía, ajena a lo que yo estaba sintiendo:
-Él se me quedaba mirando y me decía: “qué guapa, qué preciosa que eres”. A veces discutíamos, no te digo que no... Cuando se iba a jugar al dominó y tardaba mucho, me enfadaba con él.
-Pero no importa, no importa... –le decía yo.
-No, él era muy cariñoso, muy bueno conmigo. Un buen hombre.
-Un hombre que la quería mucho...
-¿Sabes? Aún recuerdo las caricias de mi marido... Su manera de acariciarme no se me olvidará jamás...

... Y una mano que nunca fue, se perdió en aquella dimensión inconexa...
Las caricias, las caricias... Las manos de un hombre y sus caricias...

La mujer es eterna...




lunes, 20 de febrero de 2012

LA QUE TIENE QUE AGUANTAR LA INCONTINENCIA

Cádiz es un retrete.
Un retrete como aquellos antiguos que existían en los patios de vecinos. En casa de mi abuela había uno; un cuartito chico al que uno llevaba un cubo con agua limpia para echar después ésta dentro de la taza. Así se iban los desechos por el desagüe...

Pero estos días de carnavales no hay agüita clara en Cádiz. Ni siquiera la de las fuentes pudiera ser susceptible de ser llamada agua, aunque ya de por sí no sea potable. Es mierda. Mierda líquida.
Las calles huelen a meados mezclados con alcohol, los hombres orinan en cualquier rincón... no se preocupan ni de volver la espalda a los demás, qué va. Supongo que las mujeres también, aunque se esconderán un poquito... que aunque estemos en carnaval, no es cuestión de ir enseñando, claro. 

A ver... hay niños por todos lados. Hay niños y eso no es una imagen que ellos deban guardar para la redacción del colegio.

La alcaldesa estaba en una plaza, rodeada por una nebulosa de gente que supongo ya vendría meada de casa. Pero da igual, no sé qué más podrá hacer la alcaldesa. Tal vez a alguien se le ocurra algo, no lo sé. Serán estos tiempos que corren... de gente incívica.

Cuando yo era chica se salía los sábados y era un no caber por cualquier calle del casco antiguo; volaban las serpentinas y los papelillos... ahora sólo se ven en la cabalgata.
Cuando yo era chica íbamos brincando y cantando los estribillos de moda. También había borrachos y gente con incontinencia, pero no lo de ahora... Ahora es una mierda todo.
Ahora la gente "de Cádiz" no sale los sábados: sale los domingos, que los sábados por la noche hay mucho plasta y mucho guiri... Ya.
La gente de Cádiz, como buenos gaditas, salen el domingo de coros a darse una vuelta y de paso beber como imbéciles hasta no distinguir que están orinando como los perros delante de cualquiera y en cualquier rincón.
Sí, habían puesto baños provisionales. Pero por lo visto y olido no los suficientes. Qué asco de calles.

Yo salí corriendo casi de manera literal, no soporto ir pisando excrementos que chorrean calle abajo mezclados con otras tantas porquerías.
¡Qué bonito es Cádiz y cuánto la queremos!

¡Qué pena de mi vieja que, sin tener incontinencia -¡pobrecita mía!- tiene que aguantarla!

martes, 14 de febrero de 2012

VISTO EN EL REINA SOFÍA




Un ser siniestro, se esconde tras los muros del museo... vigila a  los visitantes en silencio. Nadie había podido explicar jamás la sensación extraña de sentir que alguien les observa...


Hasta ahora... He aquí el misterioso ser fotografiado por casualidad... No intenten nada si  lo ven, disimulen... podría resultar una reacción imprevisible; ignoro cual monstruosa imagen ofrecerá el resto de su anatomía, comparable quizá a las descritas por Verne en su "Viaje al centro de la tierra". Tan sólo sus ojos, apostados sobre el muro ya inquietan bastante...

viernes, 3 de febrero de 2012

Verde llama destilada en ámbar derrama al calor mareas de besos
...y entre besos tú me miras y me adivinas... que quisiera ser, amor, entre tus manos... siempre
...compañera dormida sobre tu pecho, abrigo fiel de todos tus sueños.

martes, 24 de enero de 2012

En aquella lágrima que no me viste ¡loco de besos tú, amor!, asomaron en estertores de muerte aquel dolor, todo el miedo... la soledad.Y aunque la eternidad acabara compañero mío, tus besos mesan hoy las espinas. Me dicen ellos que sí era cierto... que el amor existía. 

sábado, 14 de enero de 2012

valcarcel recuperado en la universidad de cadiz

Cuanta más gente sepa lo que se ha aportado en Valcárcel, mejor.

viernes, 13 de enero de 2012

desalojo valcárcel 2

UNA VERGÜENZA. UN ABUSO DE PODER. QUEDA ASÍ INAUGURADO EL AÑO DEL BICENTENARIO DE LAS NARICES.

lunes, 2 de enero de 2012