sábado, 17 de abril de 2010

GUEGUERÍAS

Debo reconocer que después de la visita de la poeta Carmen Camacho a nuestro taller de letras el pasado miércoles, algo ha cambiado en mi concepto del mundo. La poesía viene a darme el encuentro para ver si soy capaz de tender mi mano y acariciar sus posibilidades. Lejos de los poemas "artefacto" como ella denomina a los que nacen después de un planteamiento, descubrí que existen otras formas de mirar y observar lo que me rodea. Carmen, me señaló qué hebra es la que desenmaraña la madeja. Y ahí estoy, intentando encontrar "el regalo" que tengo delante todos los días...
Así que, con su permiso. Mi primera vez. Minimás.------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------






*Cambio zapatillas de tres días por tacones con veinte noches.




*Las toses de madrugada son terremotos de uno y medio.




*Niño pequeño llorando, dolor de barriga.


Niño grande que llora, dolor de cabeza.




*Al ascensor yo le llamo de "usted".




*Los volantes de mi falda jugando con el viento.




*Las escaleras mecánicas sirven para esperar el transbordo al cielo.




*Las casas de "Cai" no se caen porque se soportan unas a otras.




*¿Firmamos la pipa de la paz?




*"¡YA ESTÁ AQUÍ EL BARATURA PA LAS CRIATURAS!" (Vocifera el vendedor de frutas


ambulante por mi barrio).




*"Los hijos son pa una",-dijo la reina de su casa.




*Estrellas de agosto: copos de nieve quietos en el cielo.




*Por las mañanas desayuno café con intenciones.








*El embrión de un anfibio. Como mis ganas.




*Desnuda me visten los lunares.




*TERNURA:

"Derramar en lugar frío y seco".




*Estropajos. Asesinos. Redomados.




*Corazón camuflado: la esposa sin amante.




*...La línea recta de tus mentiras.

11 comentarios:

genialsiempre dijo...

Creo que Carmen los habría firmado. Me parecen estupendos, !que arte, chiquilla!. Pues ánimo, que dentro de unos años te veo impartiendo lecciones magistrales.

José María

Víctor Crespo Camino dijo...

Excelente.
No te diría Carmen que la poesía, sea de la índole que sea, siempre lleva una especie de angustia dentro. No te lo diría porque es evidente.
No sé, pero en mi humilde opinión, creo que sólo te falta un buen manager (¿se dice así?).
En fin, pienso como José María. En unos meses podríamos verte en las estanterías de La Casa del Libro.

Un beso, Charo.

Pedro dijo...

Ole y ole, esa lluvia de minimás, que nos inunden las entrañas, chiquilla.

Besitos.

tangai dijo...

Gracias a los tres. Creo que Carmen enseñó mucho al grupo las dos horitas que estuvo con nosotros. Agradezco mucho a Miguel Angel que la invitara. Creo que Pedro, tú también has empezado a experimentar con "minimás", ¿no?. Víctor, ya sabes... araña detrás de la piel. Es evidente. ¡Un abrazo!

mjtrafalgar dijo...

Perfectos, chiquilla...cargados de filosofía por bulerías...Fita

Carmen dijo...

Qué maravilla, lo mejor que eso todo lo tenías tú ahí guardaíto y la varita de carmen ha activado el mecanismo para que salgan disparados. Lo que ha removío esa chiquilla.
Besitos.

tangai dijo...

Eso parece. Es una epidemia maravillosa. Y no queremos medicina, ¿no?

Anónimo dijo...

Me han encantado, Chari. Desayunar café con intenciones y el de los tacones los que más, el de las mentiras y la línea recta me sugiere muchísimas cosas. Me ha gustado mucho el comentario de Victor y mira que curioso, que también me comentaste un día que la poesía surge del dolor. Me habeis vuelto a recordar a Alda Merini.
Que viva la poesía y que inunde para siempre nuestros mundos.

Un beso.
Eva.

tangai dijo...

Olé! Bienvenida a la cornisa, me encanta que estés. Celebro que te haya gustado. Y, comparte todo lo que quieras. Un abrazo!

Raquelilla dijo...

Me apadrino, como con los de Carmen, con tu permiso, el que por ende compartimos al ser las dos madres: Niño pequeño llorando, dolor de barriga. Niño grande que llora, dolor de cabeza.
Qué razón ties, tita.

tangai dijo...

Ya ves tú! Cierto, lo sabemos las sufridas mamis... ¡ay...!