viernes, 15 de octubre de 2010

OFICIANDO


Claro ejemplo de enfermiza vagancia es el abogado en turno de oficio. Una lacra insalvable, una pestilente travesía insufrible, si no puedes pasarle por las narices un puñado de olorosos billetes.

No puedo evitar pensar en cuándo anunciaron a sus orgullosos papás que iban a tomar las ciencias jurídicas como carrera universitaria...

"¡Ay, mi niño. Un abogao en la familia...!"

Estas buenas personas, empáticas dónde las haya, tienen mucho trabajo. Y como es natural, dan paso primero a lo más importante, claro está: a los expedientes y procesos que llevan un recibito en la cabecera.

¡Valiente pandilla de sinvergüenzas! Soberbios, clasistas a menudo...
De vientre suelto y pocos gases.
Y hablo así por conocimiento y porque me da la gana.
Es cierto que se ganaron mi antipatía a pulso, y es que no puedo entender cómo es posible que actúen como lo hacen.

De sobraos gustan de ir, avasallando como deporte opcional al paddel.

¿Denunciar irregularidades? ¡Ja!, menudo chiste...
El corporativismo es peor que un olor a pie sudado...
El dinero, el poder, el pasotismo, la vagancia... ¡Menudo atajo de bobalicones! A ver si se les cae el pedestal a pedazos y dan con esas posaderas cinemascópicas en el suelo.
Eso sí, hay que estar pinchándoles, que pesaítos hay que ser y las denuncias están para ponerlas.
¡Vergüenza debería de darles a esos que no trabajan como deberían hacerlo por asignárseles un procedimiento de oficio!
¡Menuda pandilla de intratables!

2 comentarios:

Dialogotomía dijo...

Pocos los hay a los que les gusta su trabajo y lo hagan principalmente por una recompensa que no sea monetaria.
Todo se mide en tener más y más y eso sólo se consigue ganando más y más.
Y luego dicen que la ley es igual para todos...y una mierda. Es igual para todos los que tienen la misma cantidad de dinero....

tangai dijo...

Al fresco este ya le va la denuncia. Es lo único que puedo hacer, denunciar al colegio de abogados.
Es un papanatas.